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Alzheimer

La enfermedad el Alzheimer

Reconociendo emociones

Psicología del cuidador

Trastornos conductuales del paciente con demencia

CUANDO BUSCAR AYUDA

En éste artículo nos referiremos solamente al cuidador familiar informal, aquella persona sin preparación formal, que mantiene un vínculo afectivo con el paciente y que le dedica la mayor parte del tiempo a su cuidado.


Desde la comunicación inicial del doctor al cuidador principal y su familia   de un diagnóstico  de demencia, éstos últimos atraviesan un proceso doloroso que puede resultar laberíntico si no recibe el apoyo eficaz y oportuno por parte de un profesional psicoterapeuta. La noticia de un diagnóstico con éstas características puede constituir un impacto para la familia debido a las peculiaridades intrínsecas de la enfermedad, de los cuidados especiales que requiere el paciente y por la ausencia en la actualidad de una cura definitiva.


Es de suma importancia comprender que existe una estrecha relación entre “ser cuidador de un paciente con demencia” y padecer de depresión. En otras palabras, el ser cuidador familiar de un paciente con Alzheimer aumenta las probabilidades de desarrollar una depresión.


Existen múltiples complicaciones asociadas a la experiencia de ser cuidador(a) familiar. Desde las complicaciones físicas y psicológicas del estrés por sobrecarga que llevan a un síndrome conocido como síndrome del “cuidador quemado” o síndrome “burnout”, hasta estados depresivos que pueden volverse crónicos, en un escenario de duelo complicado.


El “burnout” consiste en la presencia de una respuesta prolongada de estrés que incluye como conjunto de síntomas la fatiga crónica, percepciones de ineficacia y la negación de lo que está ocurriendo en su vida, entre otros síntomas psicosomáticos.


El cuidador familiar además vive una experiencia anticipatoria de muerte del ser querido, un duelo anticipado, al ver cotidianamente cómo va avanzando la enfermedad a través de las conductas del paciente con demencia. Ésta experiencia de duelo anticipado si no es abordada separadamente, como un proceso personal, independiente de los cuidados propios de la enfermedad del paciente con demencia, puede dinamitar todo intento por aprender y adaptarse a ella.


Así como muchas personas creen que el Alzheimer es una enfermedad que afecta sólo a nivel de la memoria y desconocen que ésta enfermedad además va generalmente acompañada de diversos trastornos conductuales, también desconocen que existen en el cuidador otras afecciones que provienen de la combinación entre “la experiencia personal de cuidar de una persona con Alzheimer” junto a las “características personales del cuidador”. Estas características personales definen lo que la Psicología denomina los estilos de afrontamiento (cómo lidia con las adversidades). Algunas personas poseen un estilo evitativo de afrontar eventos adversos o complicados, y son éstos últimos los que generalmente tienen mayores complicaciones psicopatológicas.


Generalmente es un cuidador donde aparecen “señales”, por ejemplo comienza a somatizar y no comprende muy bien qué le está sucediendo. Puede oscilar entre estados de melancolía, de profunda tristeza y en otros de rabia. Recurre frecuentemente a medicamentos para lograr conciliar el sueño o estabilizar sus estados de ánimo, sufre de ataques de pánico o crisis de angustia que dificultan su normal funcionamiento, y generalmente posee un locus de control externo sobre sus propios acontecimientos, es decir que culpa al mundo por sus desgracias. Siempre será más fácil  culpar a otro o algo externo que visualizar y modificar mis propias inadecuaciones.


Otros en cambio, tienen estilos más aproximativos a las adversidades y sus actos se relacionan directamente con lo que los conflictúa.


Esas señales que mencionaba anteriormente son las que nos indican que necesitamos ayuda y (no se debe esperar a estar “tocando fondo”) debemos dar ese paso de pedir ayuda profesional psicoterapéutica, por mucho que nos cueste. Un cuidador responsable no es aquél que sólo cuida de su ser querido, sino aquél que también sabe cuidar de sí mismo.


No basta con acudir al médico para que nos recete medicamentos que sólo reduzcan los síntomas si no se revisan los aspectos personales que los desencadenan. Es imprescindible poder comprender lo que nos ocurre, recuperar el control sobre nuestras vidas y ser más felices a pesar de las adversidades.

Andrés Trujillo Montebruno
Psicólogo.
Corporación Alzheimer Chile.

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